Posts etiquetados ‘tristeza’

Combustión

Publicado: 10 marzo, 2017 en Parapetos
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Volaron dagas una vez más,

esquivamos el acero mientras ardíamos,

la lluvia no apagó el incendio.

Los pedazos quedaron esparcidos por el suelo,

ya nadie estaba dispuesto a recogerlos,

todo había sido demasiado intenso,

el dolor quedó impregnado en cada vértice.

Viví demasiado tiempo en las nubes

tanto que al bajar nada era como recordaba

mis manos no podían siquiera tocarte,

ni tus ojos eran capaces de mirarme.

Dejé de ser en alguna parte del transito,

olvidé mi naturaleza para entregarme a la tuya,

eras pasión desbordada, fuego encarnado,

fue la idealización de un sueño,

yo era tierra calma, árido yermo;

brotó el volcán al choque de nuestros cuerpos,

se zarandearon las almas y desbordó la locura,

zozobró el respeto y asomó bruscamente el odio.

Se replegaron los seres con la cautela de un erizo,

los rescoldos perduran, las llagas se difuminan,

ahora,

no debería quemar, no si bien la llama se cuida.

 

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Reinvención

Publicado: 29 julio, 2013 en Lo caminado
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Me vacío, de manera que es más fácil reinventarme, y tan solo dejo dentro, esas caricias en el alma que me hacen sentir como viento que sopla las velas de un barco que a buen puerto espera llegar. Algo o alguien prendieron de nuevo la mecha y ahora no puedo dejar de escupir palabras y con ellas esculpir pensamientos. Tras largo tiempo en un estado catatónico me siento capaz de amar sin condiciones, amar sin reproches, amar por amar… ensanchar el alma, y nada ansío más. Me alimento de la felicidad circundante y con ella crezco del mismo modo que menguaba cuando me abordaba la tristeza, cuando me encontraba como trigo colgado en una abandonada panera o cuando caía al vertiginoso abismo del pecoso fantasma que me arrastró a la desolación. Vuelvo a refugiarme en mis libros, una vez más usaré como escudo ante el indolente envite de los acontecimientos las palabras de otros. Nunca creí en el azar y siempre quise ser partícipe activo de mi destino; a menudo sin saber que decir, a ratos callado para no molestar y entre tanto expectante ante las gratas sorpresas que la vida me puede brindar. Errando y encantado de seguir conociéndome, sintiéndome tan prescindible como eterno; soy funámbulo en la cuerda de la cordura, sin red, sin miedo al goce de la caída, añorando la pureza de un sentir exiguo, disfrutando de lo que tuve, y hoy tienen otros, agradecido de ser quien soy, en ocasiones apesadumbrado por lo que atrás quedó y no quise dejar, y por siempre en plena gratitud por lo que me ofreció quien a mi mundo quiso entrar. Hay mujeres imposibles de sustituir, tiernos gestos imposibles de olvidar y palabras que como olas al romper en la mar, no dejan de resonar; sin embargo he de buscar otros ojos en los que refugiarme cuando se apaguen las luces de la ciudad.


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