Archivos de la categoría ‘Pulsiones’

Reguero

Publicado: 10 marzo, 2017 en Lo caminado, Pulsiones

Soy amante de causas perdidas, así fue que cambié la alegría y la ilusión por un estado de irascible tristeza permanente, es fácil perder la cabeza cuando no se puede conservar lo que se ama. Es difícil mantenerse inhiesto cuando sientes que la más leve brisa puede partirte. Cuando sientes que los valores que te mantienen arraigado a tu personalidad son arrancados de cuajo. No importa nada si vivir se convierte en un pesado transito; cuando sientes que el ansia de vivir se esfumó con el último portazo.

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Lejanía II

Publicado: 10 marzo, 2017 en Lo caminado, Pulsiones

La cronometría del alma



La noche propicia obviar la fatídica distancia, y así cierto consuelo trae la quietud del letargo. Porque cuando deciden chocar las almas en su baile espectral, aunque al mundo se lo trague el azufre, todo se hace posible. Luego se rasga la frágil pecera de los deseos, y, al despertar, vuelvo a ser el olor de una incierta penumbra que, sin saber bien donde nace, fantasea con labios donde morir quisiera.

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Lejanía

Publicado: 10 marzo, 2017 en Lo caminado, Pulsiones

La cronometría del alma



Todo lo que me seduce queda lejos, tan lejos como una melodía ochentera silbada al atardecer, en un mugriento espigón, o es ajeno, tan ajeno como los labios de dónde proviene. Unos ojos que encuentran lo que nunca creí ser, el roce fortuito de miradas que pueden aprisionar, el sueño de dioses jugando a ser demonios, el reposo de la mar en la orilla frente a dos amantes desnudos, la silenciosa compañía de la comprensiva soledad, el descanso de los que padecen o el llanto de los que dañan…

Lejanía


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Quiero pensar en días mejores:

Publicado: 9 marzo, 2017 en Pulsiones

Cómo dejar de venerar a quién movió montañas. Cómo no sentirme tan pequeño si no puedo alcanzar la cumbre dónde aguarda mi plenitud, no puedo acallar mi sentimiento si decidí hace tiempo que nunca volvería a enmudecer, no puedo luchar contra lo que soy: fragmentos de ilusiones y retales de amores.

Reconocimiento

Publicado: 26 agosto, 2014 en Parapetos, Pulsiones
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Tras el torbellino de tu ser, la tormenta de tu ausencia.
Tras la calidez de tu voz, la necedad de mis silencios.
Tras tu dispersa alegría, sigue mi incierta cobardía.
Nada me entristece; ahora sé que puedo reconocerte.

Contengo sentimientos mientras lanza la vida ironías
e ilusiones se desmoronan al son de vacuas miradas
Seguiré trasegando, por si sólo son almas varadas.


Que siempre tengas algo que decir no conlleva que siempre merezca la pena escucharlo. Un minuto en silencio con las personas adecuadas es más revelador que centenares de horas de incontinencia verbal… Y es que la verborrea de algunos puede llegar a producir nauseas.



Creer quisiera en lo que escribí, en lo que escribo quisiera seguir siendo, sin embargo, ahora leo tinta desgastada, y creo ver tus recuerdos muriendo. Si amar es dar, y querer poseer, amaré…y amaré, pero juro que jamás querré. Nos entregamos parte de nuestra juventud, cabalgamos a lomos de nuestras pasiones experimentando con ansiosa devoción lo que la vida nos brindaba, ruborizamos a la luna, imaginamos la vejez, aprendimos a herirnos, que en la magia del instante no hay cabida para el después, aprendí a vestirme con tu sonrisa, a convivir con el dolor de tu ausencia, a vivir de tu mano, a crecer sin dependencias. De ti tomé, lo que nunca me podrías arrebatar, te di, cuanto quisiste de mí, en mis labios dormía tu nombre, y aún arden mis manos, al recordar tu piel. Sé que desvelo la intimidad, pero qué importa que sepan, qué importa que digan. Fuiste fuente en los pesados días y estrella en las noches que volaba, mas cuando en la cama caía con lo puesto, era dulce placebo poder soñar con tu gesto. No fue difícil la elección del camino, no tanto como seguir andando, doy un paso recordando…otro olvidando.




Una plañidera procesión se dirige hacia el camposanto contagiando a cuantos encuentran a su paso con su lastimero gesto. Siempre tuve la palabra fiesta como sinónimo de alegría, jolgorio o diversión, sin embargo, en estos días, donde las calles se engalanan con puestos donde se venden diversos tipos de flores, aflora la enraizada creencia de que quién no sufre y se apena es porque no tiene sentimientos o corazón. De manera que las nuevas generaciones huyen de la quejumbrosa tradición para acercarse a la importada fiesta de halloween, y aunque no sea santo de mi devoción la cultura de dicho país, aún lo es menos hacer cada año como si los seres queridos que ya no están en nuestra misma realidad volvieran a fallecer. Son varios los amigos y familiares que he perdido a lo largo de mi corta existencia, sin embargo, prefiero rememorarlos desde la alegría que me otorga tenerlos aún entre mis recuerdos y no llorando, pues siempre valoré más su estancia junto a mí que su despedida.




Bajó del coche torpemente, sus movimientos vacilantes hacían asomar las dudas que en su interior flotaban a la deriva, en busca de alguna nueva certeza donde orillar, sus erráticos pasos la alejaron de mí, la seguí con la mirada hasta que se perdió en las sombras de la calleja y con la imagen de su cuerpo tambaleándose, como si los incesantes cambios que en él se producían no la dejaran dominar del todo las dimensiones de aquel envoltorio, sentí que el vínculo que nos unía se reforzaba con la complicidad de cada nueva experiencia. Quedé absorto durante unos instantes, recordando mis vivencias a su edad, me alegraba saber que la etapa más dura, de lo hasta ahora vivido, para ella estaba siendo, sin duda, de las más felices.
Desde que llegó a casa supe que aquello era para siempre, tenía una nueva responsabilidad y aunque me sentía inexperto tenía claro que debería alimentar sus sueños y esperanzas a la par que protegerla y advertirla de todos los peligros que la vida le depararía, pero siempre dejándola correr, dejándola experimentar aunque yo no estuviera preparado para asimilarlo, dejándola volar y dejándola caer para verla levantarse con orgullo, y es que tras trece años cayéndoseme la baba, seguimos aprendiendo a ser hermanos.




Las fronteras se dilatan a la velocidad que se mueven las personas, así lo sentí siempre, así lo siento a medida que acontecen los forzados cambios. La pétrea capa que creamos, a lo largo de nuestras vivencias, para defendernos del sentimiento de vulnerabilidad, de nada sirve, es arena mojada. Si alguien piensa que las personas no son imprescindibles, disiento totalmente, pues si no lo son en un presente o en un futuro, sí lo han sido en un pasado, del cual podemos discutir si ha existido o no, pero del que la reminiscencia me hace sabedor de que no estaría donde estoy, ni sería quien soy, si no es gracias a esas personas que me han acompañado en las escatológicas etapas a través de las que discurrimos, ofreciéndome un infatigable hombro. Familiares, amigos, incluso quien vino a darme una dolorosa lección para marcharse con sarcástica sonrisa son en su mayoría parte imprescindible de mí. Aprendí a vivir meciéndome en la alegría de los que me rodeaban y apreciaba, filosofando en noches de humo y balcón, coloreando grises tardes de bancos y pipas, a veces, disfrazado con cajas de cartón, cual caballero con grácil corcel, otras, en serena confesión, construyendo vínculos indelebles ante el paso de un corrompedor tiempo. Entre callejones como Spawn y sesiones de la película Kids fuimos abriéndonos paso en una despiadada ciudad, sobre todo para los adolescentes. Tras el paso de los años algunos de esos chiquillos y otros que llegaron en épocas posteriores, siguen siendo parte imprescindible de mí, y con la esperanza de encontrar personas tan valiosas como he encontrado a lo largo de mi breve existencia abro los ojos cada día, en firme deseo de tener un nuevo encuentro con una parte de mí, en continua búsqueda, descifrando la ignota existencia, desmarañando los sentimientos para sacudir todo aquello que detesto. Bien cobijándome en la sonrisa de mis alumnos o arropándome antes de dormir con algunas palabras de Borges, el frío invierno que se presenta se hará más llevadero, pues aunque por estos cielos aún reina un fulguroso sol, siempre me consideré criatura de la noche, de manera que es la ciclotímica luna quien gobierna mi ánimo, hoy como ella: menguante.

…Ella, si a la luna veía preguntaba
yo, si con mis ojos se viera pensaba…