Viaje al centro de uno mismo

Publicado: 14 noviembre, 2013 en Parapetos
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Caños de Meca

A un paradero extraño
me siento arrastrado.
Carcomido guijarro
sin rumbo fijo, sin destino;
ni final.

Reposados volcanes aguardan
la caída del astro, la señal,
la hora de las pasiones.

Cuatro bocas de luz,
compañeras del silencio delator.
Se extiende el murmullo,
habla la vida en su estado más puro.

Balancea Atlántico, mi cuerpo,
desborda mi Mediterráneo,
mece las aguas que me hacen discurrir,
llévame al necesario encuentro,
allí dónde dejé lo que sobraba,
dónde las heridas no dejan de cauterizar.
Acúname como niño que soy en tus brazos,
cántame nanas de sol y sal,
pósame en la arena.

Vuelve tu grandeza a deleitarme,
prende la llama que extinta creía;
tras el bautismo de tus aguas
crezco, brotando reconocible
a mis ojos, al mundo,
reconociendo el rugir de tu dolor,
en paz contigo, en paz con mi interior.


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