Desde una tenue lucidez

Publicado: 29 octubre, 2013 en Lo caminado, Pulsiones
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Las fronteras se dilatan a la velocidad que se mueven las personas, así lo sentí siempre, así lo siento a medida que acontecen los forzados cambios. La pétrea capa que creamos, a lo largo de nuestras vivencias, para defendernos del sentimiento de vulnerabilidad, de nada sirve, es arena mojada. Si alguien piensa que las personas no son imprescindibles, disiento totalmente, pues si no lo son en un presente o en un futuro, sí lo han sido en un pasado, del cual podemos discutir si ha existido o no, pero del que la reminiscencia me hace sabedor de que no estaría donde estoy, ni sería quien soy, si no es gracias a esas personas que me han acompañado en las escatológicas etapas a través de las que discurrimos, ofreciéndome un infatigable hombro. Familiares, amigos, incluso quien vino a darme una dolorosa lección para marcharse con sarcástica sonrisa son en su mayoría parte imprescindible de mí. Aprendí a vivir meciéndome en la alegría de los que me rodeaban y apreciaba, filosofando en noches de humo y balcón, coloreando grises tardes de bancos y pipas, a veces, disfrazado con cajas de cartón, cual caballero con grácil corcel, otras, en serena confesión, construyendo vínculos indelebles ante el paso de un corrompedor tiempo. Entre callejones como Spawn y sesiones de la película Kids fuimos abriéndonos paso en una despiadada ciudad, sobre todo para los adolescentes. Tras el paso de los años algunos de esos chiquillos y otros que llegaron en épocas posteriores, siguen siendo parte imprescindible de mí, y con la esperanza de encontrar personas tan valiosas como he encontrado a lo largo de mi breve existencia abro los ojos cada día, en firme deseo de tener un nuevo encuentro con una parte de mí, en continua búsqueda, descifrando la ignota existencia, desmarañando los sentimientos para sacudir todo aquello que detesto. Bien cobijándome en la sonrisa de mis alumnos o arropándome antes de dormir con algunas palabras de Borges, el frío invierno que se presenta se hará más llevadero, pues aunque por estos cielos aún reina un fulguroso sol, siempre me consideré criatura de la noche, de manera que es la ciclotímica luna quien gobierna mi ánimo, hoy como ella: menguante.

…Ella, si a la luna veía preguntaba
yo, si con mis ojos se viera pensaba…

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