Cada vez que tocamos fondo se hace inevitable sentirnos atropellados por una sucesión de cuestiones existenciales tales como ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? o ¿quién soy?, Pues por increíble que parezca, la ciencia puede estar cerca de subir un escalafón en lo referente a una de tales preguntas que, en épocas remotas, tan sólo pertenecían a la incumbencia de filósofos. Debido a que entre una improbable panspermia y un insuficiente darwinismo la ciencia ortodoxa y la heterodoxa divagan sin tener más nexos que la seguridad de que la providencia divina, por bucólica y atractiva que parezca, no resuelve el galimatías con sus mitos y leyendas, ni tampoco lo aclara la, tan aclamada, en sus días, sopa primigenia, siendo esta tan inerte en sus conclusiones como los elementos químicos que la componen, la atávica historia se abre paso a través de miles de años de oscurantismo cultural para volver a ser descifrada, esta vez, sin estar sujeta a la perniciosa iglesia, entre otros poderes; siendo foco de especial atención para investigadores y científicos la pluralidad de ancestrales imperios y civilizaciones tribales que manifiestan a través de su legado la presencia de seres provenientes de las estrellas, con naves que, aún hoy día, escapan a la desnutrida imaginación humana. Ante sorprendente posicionamiento de la mayoría de la casposa y escéptica ciencia, sobresale de igual manera el guiño que el concilio papal hace sobre dicho tema, reconociendo que posiblemente existan otros hijos de Dios fuera de nuestra atmósfera, incluso argumentando que el propio Papa ha podido contactar con ellos. Entonces me formulo la siguiente pregunta: ¿si no hay dioses que escriban nuestro designio, si la evolución tan sólo puede explicar ciertas modificaciones en una vida ya presente en miles de años pasados y ni tan siquiera forzando la ímproba casualidad somos capaces de crear algo tan enigmáticamente perfecto como la ingeniería genética del ADN, quiénes mierda se creen los dirigentes y líderes de los diversos poderes mundiales para decirme hacia dónde debo ir? Desgraciadamente no tengo respuesta a esta pregunta, pero sí a la que al principio formulaba, ¿quién soy?, pues, simplemente, en estos momentos, soy quién no desea que personas cuyo único interés es su ombligo, hagan de la ciudadanía su particular rebaño, abocando a las sociedades a un devastador futuro en favor de su necesidad de seguir dominando mayor cantidad de recursos. Soy quién ante la mascarada que se nos ofrece pretende seguir eligiendo, desmereciendo a quién pretende engañarnos, informándose para combatir el alud de mentiras y eslóganes de quita y pon que abanderan. Soy quién pretende seguir soñando, quién tiene la certeza de que la realidad se puede moldear desde la ilusión y el obrar, quién no sucumbe a sus abominables planes sin antes intentar sacudir cuantas conciencias estén a su alcance.


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